Una
de las funciones que tenemos como docentes es la de ayudar al estudiante a
construir conocimiento sobre las ciencias. Desde esta perspectiva, se deben
tener en cuenta varios aspectos, en primer lugar, el tipo de conocimientos que
se socializan en el aula de clase, también, cuál es el fundamento
epistemológico de estos conocimientos y con ello justificar la relevancia o
carencia de la transposición didáctica y la ciencia escolar en mis prácticas
como docente. Las tres cuestiones
mencionadas anteriormente corresponden de una u otra manera a las preguntas
orientadoras que se plantean para el primer epitome de la maestría en enseñanza
de las ciencias de la Universidad Autónoma de Manizales.
La
primera cuestión planteada es el tipo de conocimiento que se debe construir en
el aula de clase, La respuesta que en lo personal le daba a esta cuestión
correspondía con corrientes tradicionales, durante mi formación en
licenciatura, tenía el concepto que el conocimiento que se debía construir en
el aula de clase era el meramente científico, que provenía de la disciplina,
correspondiente a lo que plantea Perafán (2013) citando a Porlán y Rivero a
corrientes tradicionalistas de la didáctica de las ciencias, “los saberes académicos que mantiene el
profesor son un conjunto de concepciones disciplinares explicitas, asociadas a
los contenidos curriculares cuya organización obedece, de acuerdo con estos
autores, a la lógica disciplinar; es decir, a los contenidos de la disciplina”.
Al
reflexionar sobre la labor docente que realizaba y documentarme un poco sobre
el asunto, se evidencia que el conocimiento que se construye en el aula, no
puede ser el meramente científico brindado por la disciplina a enseñar, sino
que este debe pasar por un proceso de adaptación a la enseñanza y allí es donde
el docente junto a otros integrantes académicos de la comunidad educativa realizan
su labor.
Gomez
(2005) comenta acerca de este asunto citando a (Chevallard, 1985, p. 39) “un contenido del saber sabio que haya sido
designado como saber a enseñar sufre a partir de entonces un conjunto de
transformaciones adaptativas que van a hacerlo apto para tomar lugar entre los
objetos de enseñanza. El ‘trabajo’ que un objeto de saber a enseñar hace para
transformarlo en un objeto de enseñanza se llama transposición didáctica”. (p.87).
Es aquí donde surge este término que es de carácter fundamental en la reflexión
sobre la labor docente, la transposición didáctica.
Con
ello surge la segunda inquietud planteada, sobre el fundamento epistemológico del
conocimiento escolar y de los saberes del profesor, Perafan (2013) plantea
Así, en el
marco de las reflexiones de Chevallard (1997), es necesario comprender la
transposición didáctica, como un problema antropológico y epistemológico que
debe ser avistado, no como una técnica de modelación, sino como el estatuto
epistemológico fundante del saber académico del profesor. En este plano, los
saberes académicos que mantiene el profesorado tienen un origen pulsional y un
vector de organización racional, razón por la cual deben ser planteados en
términos de obstáculos epistemológicos, en el sentido fuerte que Bachelard
(1985) ha dado a este concepto. (p. 91)
Según
este planteamiento, es en la transposición didáctica donde se encuentra el
estatuto epistemológico de los saberes de los profesores, es decir, no se toma esta
solamente como el proceso que se realiza al pasar del saber sabio al saber
enseñado sino como base epistemológica de dichos saberes. A partir de esto Gómez
(2005) citando a Chevallard, reflexiona sobre otros conceptos relevantes, lo
expresa de la siguiente manera:
Según
Chevallard, cada año, al momento del inicio del año escolar, se forma un nuevo
sistema didáctico constituido por los tres sitios arriba descritos: el saber,
el docente y el alumno. Alrededor del programa (que va entonces a designar el
saber a enseñar) un nuevo contrato didáctico se renueva anualmente entre un
docente y sus alumnos. Pero este sistema didáctico inmerso también en un
ambiente, constituido especialmente por el sistema de enseñanza, este mismo
insertado en un sistema más amplio todavía: la sociedad (padres, mundo
político, medios de comunicación, “sabios”, etcétera). El sistema didáctico
situado en el seno de un sistema de enseñanza debe entonces confrontarse
regularmente al debate social. Esta confrontación se hace por la intermediación
de una cierta categoría de individuos que van a enfrentarse “a los problemas que
nacen del encuentro con la sociedad y sus exigencias”. (Gómez, 2005, p. 88)
Conceptos
sobre los cuales como docente no he reflexionado con profundidad aunque hacen parte
de mi quehacer diario. Esto me lleva a pensar varios aspectos de mi labor, el
desconocimiento de aspectos teóricos de la naturaleza de la ciencia y la
didáctica de las ciencias configura las prácticas que llevo a cabo en mi aula
de clase. Debo ser consciente de la importancia del trabajo que se lleva a cabo
en el aula de clase ya que esta afecta en última medida a la sociedad, es
decir, somos responsables de la formación de estudiantes con pensamiento crítico
inmersos en una sociedad.
Para
cerrar en este segundo ítem a analizar, Perafán (2013) plantea lo siguiente:
Todo lo
anterior implica, necesariamente, un desplazamiento de la disciplina como el
alma máter del conocimiento del profesor y la emergencia de un compromiso
histórico de investigar el conocimiento del profesor en fuentes distintas. Una
de estas es, entonces, la transposición didáctica, entendida en el sentido en
el que hemos apuntado en este escrito. Pero es claro que no solo dicha fuente
constituye el complejo suelo epistémico del conocimiento del profesor, también
la historia de vida, la cultura institucional y la práctica profesional están
involucradas en el proceso de producción de dicho conocimiento (p.92).
El
último aspecto a analizar en este ensayo es que al tener un poco más claro la
concepción de lo que es transposición didáctica y ciencia escolar, se puede
reflexionar sobre la relevancia o la carencia de estas en mi práctica.
Durante
el escrito he dado luces de la carencia de estos conceptos y la poca reflexión
alrededor de ellos en mis prácticas docentes. En cuanto a la transposición
didáctica, aunque intento llevar a cabo un proceso desde la ciencia que
presenta el texto a la ciencia que promuevo en el aula de clase (sin ninguna
reflexión sobre este proceso), es de notar que muchos de los aspectos que
presenta la transposición no los tengo en cuenta: El contexto de los
estudiantes, la delimitación de metas a obtener durante el año escolar, la
institución posee un plan de estudios basado en contenidos y temas a ver, se
descuidan las habilidades y competencias a desarrollar, esto lleva a que no se
tenga un orden lógico de los objetivos a alcanzar y de los conocimientos a
construir. Otro aspecto de la transposición didáctica del cual carezco es el
hecho de incluir a los padres, la comunidad y otros docentes en la construcción
del currículo de la institución.
El
lenguaje en las ciencias es otro elemento relevante sobre el cual no he
reflexionado durante la planeación y ejecución de mis prácticas, Quintanilla
(2001) ofrece varias propuestas al final de su escrito para aplicar criterios
de mejora del lenguaje científico en los estudiantes: “Enseñar a escribir y a leer ciencia, Superar la visión instrumental del
lenguaje científico, Autorregulación del aprendizaje, comunicación y
resignificación conceptual, historia de la ciencia y aprendizaje, valores,
lenguajes diversos y en contexto y por ultimo experimentación escolar. (p.200)”.
Cada una de estas constituye en un reto para que como docente lleve una
ciencia escolar fresca al aula de clase y mejore mis prácticas para llegar a la
tan anhelada calidad educativa.
BIBLIOGRAFÍA
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Congreso.
Perafán,
G. A. (2013). La transposición didáctica como estatuto epistemológico fundante
de los saberes académicos del profesor. (pp. 83-93). Folios. Segunda época. N.
37. Primer semestre de 2013. pp. 83-93. UPN.
Quintanilla,
M. (2001). La ciencia en la escuela: un saber fascinante para aprender a ‘leer
el mundo’, Rev. Pensamiento Educativo, 39(2), pp. 177-204.
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